miércoles, 23 de diciembre de 2015

De la egolatría juvenil y la inutilidad de la vejez…

Hoja de agenda con la frase de Borges y su firma
Dijo Borges, se lo escuché aquí en la U. Católica en una charla que dio un día de 1978 que no recuerdo con precisión, ante una pregunta que olvidé, de un estudiante: “La vejez no es tiempo de desesperación como es la juventud”.


Copié la frase al apuro en mi agenda, arranqué la hoja y se la llevé a María Kodama, sentada a su lado, para que se la pasara y, si fuese posible, me la firmara. María la miró con cierta aprensión pero sonrió al ver que decía lo que acabábamos de escucharle a Borges. Se le acercó, le dijo algo al oído, Borges tomó la hoja y firmó allí donde María le condujo la mano. Ya estaba casi del todo ciego. Entiendo que sólo distinguía algunos colores.
Desde entonces, son ya 37 años, la conservo enmarcada en un lugar especial de mi estudio. Nunca fui de pedirles autógrafos a los grandes, y mucho menos a los famosos, pero esta simple hoja de agenda, con una frase sabia de un hombre sabio, no la cambio por nada en el mundo. Es, claro que sí, uno de mis fetiches literarios, quizá el más importante, seguro el más grato.
Pero la frase de Borges dice mucho más de lo que dice. Dice algo que contradice, con sabiduría y profundidad de pensamiento, el culto a la juventud que hoy, o siempre, nos atosiga con su vacuidad.
Por cierto, el tiempo pasa para los seres humanos, y cada día perdemos facultades, sobre todo físicas. Las mentales también pero –acudo a una frase matemática– “sólo sí, y solamente sí, no se ejercita el cerebro”. El cuerpo: músculos, huesos y tendones, arterias y venas, pierden energía, fuerza, elasticidad, resistencia, porque son partes anatómicas que se desgastan con el uso como cualquier maquinaria: fatiga del metal, se llama en términos mecánicos. Pero, paradójicamente, el esfuerzo físico que deteriora el cuerpo, ayuda a regenerar las neuronas. Cosas de la Naturaleza que, al contrario del ser humano, sabe lo que hace.
Estudios recientes acerca del cerebro y la capacidad de regeneración de las neuronas, indican que si no hay de por medio enfermedades como la demencia y sus derivados como el Alzheimer y la esclerosis lateral amiotrófica (una de cuyas variantes padece Stephen Hawking, por ejemplo, sin que haya sufrido mengua intelectual su cerebro), enfermedades que se pueden evitar o retardar mediante el uso continuado del cerebro, e incluso con ejercicios físicos que ayuden a la regeneración neuronal, el envejecimiento normal no acelera la degradación de las neuronas.
Borges con María Kodama, dos personas que no identifico y, atrás,
Jorge Aravena, fotógrafo, y Antonio Correa,
responsable de la visita de Borges a Ecuador.
Todos perdemos neuronas desde el momento de nacer. Diez mil neuronas al día, proceso que sin duda se acelera en la vejez, sobre todo si no se ejercita el cerebro. Agrego que no aportan mucho a la recuperación neuronal o a la disminución de esas pérdidas la televisión farandulera o las intrascendencias de la “cultura popular”. Dándole a “popular” el sentido de mediocridad, no el que aportan las costumbres y usos del pueblo.
Poniendo la cosa en números, 75 años tienen 27.375 días y en ese período perdemos algo más de 275 millones de neuronas. Un montón de ellas, por supuesto. Pero pocas aún si consideramos que nuestro cerebro alberga 100 mil millones de neuronas. O sea, perdemos no más del 0.275% de nuestro inventario neuronal. Lo que queda, ese 99.725% restante de neuronas en pleno funcionamiento, bien parece ser suficiente como para pensar, estudiar, investigar, interesarse por el universo y por la humanidad, en fin, para cultivar el intelecto y, de paso, para AMAR y VIVIR, diciéndolo con un bolero inmortal de Leo Marini…
Cito a Jesús Ávila, Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO) y de la Academia Europea:
“Recientemente, se ha observado que en la zona hipocampal existe, en mamíferos, una región denominada giro dentado (g.d.), que es una de las pocas regiones del sistema nervioso central en donde hay neurogénesis en edades adultas. Así pues, en dicha parte del cerebro proliferan nuevas neuronas. Se ha sugerido que estas nuevas neuronas tienen como función facilitar nuevos aprendizajes y memorias”.
Por cierto y según Wiki, “Neurogénesis es la producción de las células del sistema nervioso central, es decir, de neuronas y células gliales. Hay que distinguir entre la neurogénesis en el desarrollo y la neurogénesis en seres adultos, que fue descubierta en el último tercio del siglo XX”.
Así pues, creo yo que deberíamos detenernos a pensar en si pasar a retiro obligatorio a mayores de 65 años, no sólo apenas en la Tercera Edad en momentos en que la expectativa de vida ronda los 80 años, sino en pleno y cabal uso de sus neuronas y de sus facultades mentales e intelectuales, no es un gran desperdicio de uno de los recursos humanos más desdeñados por la posmoderna egolatría juvenil: la experiencia que dan los años, las habilidades cognoscitivas que se adquieren del ejercicio diario, por años, de una o varias actividades, de la concentración de conocimientos y sabiduría que es natural en el proceso de acumulación de experiencia: el capital intelectual que sólo pueden dar años de estudio y trabajo. De Actividad Neuronal, en suma.
Borges escucha a María Kodama leyendo algo.
Pongo un ejemplo para fijar criterios e iluminar desde la praxis el tema. Don Esmaragdo y don Simon (homenajes míos a dos maestros fundamentales en mi vida) tienen cada uno más de setenta y cinco años. Luis Enrique y Patricio, cuarenta. Los cuatro, los viejos y los jóvenes, son y han sido por igual estudiosos, excelentes investigadores, expertos en sus materias y conocedores de su oficio de maestros. Aclaro que igual ocurre con cualquiera otra profesión, vocación u oficio.
Yo me pregunto y quizás el lector también, ¿quién puede ser mejor maestro de juventudes, entendiendo que los cuatro son pedagogos de profesión, igualmente capacitados para ello?
Y no tengo ninguna duda de que los dos maestros mayores son mejores maestros simplemente porque, en igualdad de condiciones intelectuales, tienen algo que los jóvenes no han adquirido aún en igual medida: la experiencia y la acumulación de conocimientos que se deriva del simple hecho de haber vivido, cada uno de los “viejos” jubilados a la fuerza, 40 años más que los dos “párvulos”.
Ese Capital humano de sabiduría y experticias no se improvisa ni se adquiere por ósmosis. Se va acumulando en el cerebro a lo largo de los años dedicados al estudio, a la investigación, al trabajo, a la vocación de maestros a la curiosidad por todo lo que nos rodea.
El joven de 40 años puede ser muy buen maestro y tener en su haber una condición de pedagogo graduado y con excelentes resultados académicos. Pero está, todavía, en el proceso de aprendizaje y acumulación de saberes que los viejos setentones ya han superado. Aparte de que no se entera de que su desdén por la vejez, construye el cadalso que le tocará cuando deje atrás la petulancia juvenil y deba ocupar el sitio de mueble viejo que hoy le asigna a los mayores.

Para decirlo de manera simple, citando a Óscar Wilde, la vejez no consiste en ser viejo sino en haber sido joven… Que es lo que olvidan nuestros párvulos con PhD que no han recorrido el tortuoso camino de la vida, examen más exigente que un cuestionario de universidad… Es la vida la que enseña a enseñar. No la Universidad ni el Instituto. Aunque sea extranjero…

2 comentarios:

pirziog dijo...

Si Omar tiene 0 conocidos, sin duda es porque tiene muchas amigos; presiento que es de las personas que han de morir jóvenes....lo más tarde posible. Los temas políticos que aborda, y cómo los aborda, me importan sobre manera; por favor, si no está por demás decirlo, manténgase en esta línea.

Ester Cayon dijo...

"La vejez no es tiempo de desesperación como es la juventud" Que frase más cierta y que sabias reflexiones haces al respecto.