martes, 20 de octubre de 2015

El Café, esa Escuela de la Vida

         La mano de apoyo, firme contra el paño verde; los dedos índice y pulgar formando un aro por el que se desliza el taco de madera; la otra mano, la de impulso, extendida hacia atrás agarrando la parte gruesa del taco. Torso inclinado sobre la mesa, pies midiendo un paso largo, mirada fija en la trayectoria de la primera bola: toc. La esfera de marfil roza apenas la segunda, destinataria inicial, toc, y avanza hasta golpear la tercera, toc: carambola.
         El jovenzuelo se yergue ufano, toma la tiza azul, embadurna de nuevo la punta del madero, y se prepara para otra jugada. Antes, mira de reojo al rival, observa sonriente a los amigos expectantes y echa un rápido vistazo al trasero insinuante, apenas cubierto por una minifalda que más parece un cinturón ancho, de la mesera más guapa, esa que atiende la mesa donde alborotan cuatro chispos. A la izquierda, sobre otras mesas de paño verde, Champion por supuesto, idéntica liturgia de manos, tacos, bolas, tizas y miradas furtivas.
         Del otro lado, una veintena de mesas de cantina ocupadas por hombres que beben aguardiente o cerveza, fuman sin pausa y conversan a gritos. Al fondo, detrás de un mostrador de madera, reluciente por años de fregar, secar y limpiar y delante de una hilera de botellas de contenidos, colores y sabores diversos, el cantinero frota un vaso con un trapo tan mugriento como su delantal. Más atrás, junto a la puerta de los servicios, un bebedor solitario empuja gaznate abajo el décimo trago y le pide a la mesera, con voz incomprensible, que le sirva otra ronda y repita por enésima vez el tango que le recuerda a la ingrata que pretende olvidar.
         Sobre las cabezas, lámparas de tubo inundan de luz blanca el panorama de muebles quietos y gentes agitadas. Al lado de cada lámpara, tiras de papel pegante colgadas del cielo raso, exhiben su negra cosecha de moscas, entre las cuales una mariposa despistada pone un toque mustio de colores marchitos. Y en el piso de baldosa, colillas de cigarrillo, trozos de papel, cajetillas vacías, regueros de cerveza y manchas eternas quizás de sangre, esperan la escoba y el trapero del amanecer, cuando por la calle avancen los creyentes que pasan rezando el rosario de la aurora, encabezados por el cura que lanza un chorro de agua bendita hacia el antro del vicio.
         Es el Café. El Café de los pueblos perdidos entre recovecos montañosos y valles verdeantes de cultivos o sementeras, o de ciudades pequeñas en trance de crecimiento. La vieja institución de citas de negocios y encuentro de amigos en los que aflora el dato confiable o el chisme sabroso y malintencionado, y en la cual convergen, según si lo dice el cura en la misa dominical o lo intuye el joven aspirante a bachiller, todos los vicios del mundo o las crudas enseñanzas de esa escuela sin diplomas que es la vida. Esa donde se obtiene la primera graduación: la de hombre. Porque el Café es cosa de hombres. No de niños ni de mujeres. De hombres. O lo era hasta ayer, porque hoy…

Y por allí nos graduamos
         La presencia de esos casi olvidados establecimientos mitad cantina, mitad club social, aflora hoy entre los remezones de la nostalgia y el recuerdo de olvidadas y paganas liturgias.
         El Café La Cita, en la plaza mayor y en la esquina contraria a la de la iglesia, era el sitio de reunión de los futuros bachilleres del villorrio. Allí, a las "cinco en sombra de la tarde", se oficiaba el rito de la charla, el billar y las cervezas de los imberbes. Hasta las nueve de la noche cuando, convenio respetado por todos, los muchachos dejábamos el sitio a los viejos contertulios que tomaban la posta en las mesas casi hasta el amanecer, alternando carambolas con apuestas a los dados, al tute o al dominó.
         De vez en cuando, en nuestro turno tempranero para el aprendizaje de la vida, una riña a puñetazos dirimía una carambola dudosa y dejaba pendiente el combate por la honra para el recreo largo del día siguiente. A veces, ya cerca de las diez, la ronda policial verificaba documentos, ponía en fuga algún mocoso retrasado y conducía a la cárcel municipal, entre tropezones, caídas e insultos, al borrachito del fondo que a duras penas tenía voz y conciencia para repetir, triste y monótono, un nombre de mujer y un tango malevo.
         Años atrás, cuando la violencia política convirtió la prosperidad rural de la finca del abuelo en un par de almacenes y una farmacia en el pueblo para los tíos menores, el mayor compró una casa esquinera de dos pisos y ocupó con la numerosa prole que sus apellidos de estirpe antioqueña imponía, los muchos cuartos del piso superior. En el primero, tumbó paredes, reforzó columnas, construyó mostrador y estantes, puso asientos y mesas y un billar que adquirió a plazos en la ciudad vecina, y fundó el Café La Cita.
         Por entonces, los primos menores a duras penas aprendíamos regla de tres e historia patria en el Colegio de don Esmaragdo, el viejo maestro santarrosano cuya vida sacrificada y generosa tal vez relate algún día. Pero la edad no nos permitía cruzar siquiera el umbral de las siete puertas del Café, aunque nuestros ocho años, empero, ya se daban modos para agregar al aprendizaje de las hazañas de los héroes o de los tortuosos intríngulis de la aritmética, los sobresaltos del corazón: la señorita Amanda, monja arrepentida y maestra de tercer grado, nos ponía nudos en la lengua a la hora de la lección y causaba retortijones por ciertas áreas anatómicas que identificaríamos años después.
         Siete años más tarde, ni uno menos, la edad de alargar pantalón y salir de noche empezó a conducir a los quinceañeros, tímidamente primero por la estricta prohibición –incumplida, claro– de las madres, hacia la perdición del Café. Pero como el dueño era el tío mayor, las primeras incursiones se limitaron a mirar de lejos las carambolas de los mayores y las peleas de borrachos. Una de ellas, a bala y con muerto incluido, nos desterró del Café por dos semanas: el miedo y la orden familiar obligaron al exilio.
         Pero la Fuente de Soda era poca cosa para adolescentes con ínfulas de adultos: volvimos. Y como el valor es apenas la suma de miedos sucesivos, llegamos con el arriesgue necesario para entrarle al billar y a las primeras cervezas, ante las miradas furiosas del tío y las complacientes de las meseras. Por algo se alargaba el pantalón…
         Hoy el Café ya no es lo que era. Los tiempos modernos trasladaron las mesas de billar a discotecas y night clubs de concurrencia mixta, y erradicaron los viejos cafés de rancia prosapia machista. Los últimos se refugian ahora en los pueblos más alejados y miserables, allí donde el progreso en forma de boite todavía no llega.
         Cómo será de grave el asunto que las meseras, putas profesionales pero decentes si se permite la expresión, fueron reemplazadas hace mucho por jovencitas humildes, casi virtuosas, boquifruncidas y displicentes, que ya no suscitan las pasiones de antaño, cuando por una mirada de más a la hembra con dueño, el piso del Café solía teñirse de sangre. Pues la antigua y gozosa profesión de hetaira, sólo era ejercida por las meseras fuera del Café. Adentro tenían dueño. Y ¡ay! del que osara disputar, en su territorio particular, la propiedad celosamente guardada a filo de machete o a punta de puñal por el chulo machucante y administrador.
         Sí, eran otros tiempos y el Café ya no es lo que era. Ahora, en los que aún se mantienen, hasta entran las mujeres honestas: desterraron a las buenas…

domingo, 18 de octubre de 2015

La gente ya no lee… Y THE NEW YORKER… 

Acabo de entrar, y salir, de la Edición del 12 de octubre de la Revista New Yorker. Me permito unos datos sobre la revista, tomados, obvio, de Wikipedia.
New Yorker es, como su nombre parece indicarlo, de Nueva York. Fue fundada el 21 de febrero de 1925 por Harold Ross, con periodicidad Semanal. Repito: Semanal. Que se mantiene hasta la fecha.
Hoy, en el apogeo de la Crisis del Periodismo, pues según nuestros Sabios Editores YA LA GENTE NO LEE, tiene 1.300.000 suscriptores. Un millón trescientos mil suscriptores. No dice Wiki si el tiraje total es el mismo o si tiene una tirada superior por ventas al público en librerías y puestos callejeros. Y tampoco dice cuántos lectores tiene en su página web… Pero la gente ya no lee… 
Su Portada casi nunca es una fotografía sino una Ilustración sobre uno de los temas interiores, quizá el principal. Sus lectores tienen un promedio de edad de 48 años. Es decir, si los mayores de 50 años fueran menos, por obvias razones de vejez, miopía, ceguera, cansancio y muerte, que los menores de esa edad, tenemos que New Yorker LE LLEGA A LA GENTE QUE LEE de verdad. En papel. En revistas y periódicos. Y en libros, claro. Los menores también leen, y quizá más, pero en el computador o en el Tablet. En Samrtphone NO SE LEE. A duras penas se webea. Pero Ecuador es, me parece, un país de adultos mayores de 40 años al menos en una mitad, o sea que, contando los electores mayores de 16, son tal vez 4 y medio millones de lectores potenciales, de los cuales al menos UN MILLON Y MEDIO, tienen más de 40 años. O SEA… 
Vuelvo a New Yorker. Acaba de cumplir 80 años y está como Johnny Walker, CAMPANTE. No sé si es la revista más leída de los EEUU, aunque no lo creo. Hay revistas más sofisticadas, más modernas, mas POSMO, más de chismes de Farándula. New Yorker es una Reevista seria, intelectual, informativa, Formativa, elegante, bien diseñada, sin excesos gráficos que estorban la lectura. UNA REVISTA. Y así seguirá por muchos años más, a pesar de las pantallas y los compus, las tablets, los kindles y los smarth… Tiene INFORMACION VERIFICADA, COMPULSADA CON LA REALIDAD. Es decir, confiable. No es higiénica ni objetiva porque sus temas son escritos por Personas, no por máquinas. Pero es Honesta, Imparcial e INDEPENDIENTE. De verdad. The New Yorker tiene un Verificador que investiga la VERACIDAD Y EXACTITUD DE TODO LO QUE PUBLICA.
Entré a New Yorker hoy –lo hago más o menos a menudo– porque me llamó la atención un Artículo de Piedad Bonnett, en El Espectador, de Bogotá (http://www.elespectador.com/opinion/periodismo-y-literatura), que la menciona, a propósito del Premio Nobel a la Periodista  Svetlana Alexievich. Y quien recuerda, Piedad, la Crónica que en agosto de 1946 escribió para The New Yorker el periodista John Richard Hersey, a propósito de la bomba atómica en Hiroshima. La crónica se llamó HIROSHIMA. Y con ella ganó el Premio Pulitzer, el Premio de Periodismo más importante del mundo.
Hersey fue uno de los iniciadores, en 1945 y en THE New Yorker, a la que se vinculó ese año, del llamado Nuevo Periodismo Norteamericano. Allí tuvo algunos colegas más o menos importantes y hasta famosos como Hanna Arendt, Woody Allen, Raymond Carver, Truman Capote, John Cheever, James Fallows, Ian Frasier, Julian Barnes y otros “gacetilleros” por el estilo. Ninguno Higiénico, por fortuna.
Pero a lo que voy es que quise leer esa vieja crónica sobre Hiroshima y, acostumbrado como estoy a los articulitos cortos y superficiales de nuestras mejores, principales y bellas revistas (los periódicos ya ni eso: se limitan a repetir las noticias de teve en una trivia de primera página y 4 párrafos interiores PORQUE LA GENTE NO LEE), me pegué un gran susto porque la Revista TNY, de agosto de 1946, le dedicó a esa Crónica que, repito, ganó el Pulitzer de ese año, 59 páginas.
Fueron 59 páginas (repito con gusto), 32.337 palabras y 183.404 caracteres. Claro, fue Hersey y fue El Reportaje sobre la Bomba Atómica y era The New Yorker, y era 1946. Pero no pude evitar acordarme que hace unos 3 años una crónica mía de unos 22 mil caracteres y tal vez 6 ó 7 páginas, en la más importante revista del Ecuador, sobre el Mayor Descubrimiento Científico del Siglo después de la Teoría de la Relatividad en 1915, realizado por el Ganador ese año del Premio Nobel de Física, crónica que fue defenestrada sin defensa de nadie y calificada como LARGA DENSA Y ABURRIDA. Está en mi blog (http://buhomar.blogspot.com/) por si alguien quiere constatar aquello de “larga, densa y aburrida”. Trataré de subirla hasta después de esta.
Pero vuelvo al tema. Era 1946 y era New Yorker y era la Bomba. Como sabemos, los tiempos han cambiado y ahora NADIE LEE UNA VAINA TAN LARGA.
Pero, caray, en la misma edición de OCTUBRE 12 DE 2015, o sea de la semana pasada, The New Yorker trae 3 Crónicas, entre otros artículos de su Contenido total.

1.- Dibujando sangre. 14 páginas con 41.356 caracteres.
Sobre Charlie Hebbdo.
Por Adam Shatz

2.- Guerrero del camino. 22 páginas con 66.384 caracteres.
Sobre Gloria Steinem una de las pioneras de la causa feminista.
Por Jane Kramer

3.- Miopía moral de Henry David Thoreau (personaje del S.XIX). 12 páginas con 37.000 caracteres.
Por Kathryn Schulz

NOTA: Las 3 Crónicas están completas en LA MISMA EDICION DEL 12 DE OCTUBRE. Es decir, 48 PÁGINAS DE EXCELENTE PERIODISMO.

         Ahora, ¿por que la GENTE YA NO LEE? Es muy simple: porque los diarios, periódicos y revistas, YA NO TIENEN NADA QUE VALGA LA PENA LEER. Los periódicos repiten las noticias de teve, como dije, en una entradilla de 3 líneas de Portada y 4 párrafos perdidos al interior, y las Revistas publican 15 artículos de 2 y 4 páginas cada uno, con las justas, porque una crónica de más de 5 las espanta. Y así, ¿como quieren que la gente LEA?

         Ah, otra cosita: En 1946 las Grandes Revistas gringas pagaban a sus autores no menos de us$3.000,oo de la época por cada trabajo. Era Escritores y Periodistas de vocación de profesión. VIVIAN DE Y PARA ESCRIBIR Y POR ESO SE PRODUJO EL GRAN PERIODISMO DEL MOMENTO. Lo sigue siendo porque siguen RESPETANDO EL TRABAJO DEL PERIODISTA. No sé cuánto pagan hoy en The New Yorker a sus Cronistas. Pero dudo que paguen $200,oo ó $300,oo por crónica… Tal vez ha de ser un poco más. Y por eso, sus cronistas INVESTIGAN A FONDO, ESCRIBEN BIEN, Y NO TIENEN  QUE PRODUCIR cinco o seis gacetillas al día para su medio, o hacer freelance para varios, o trabajar en otra cosa para poder vivir dignamente. ASÍ DE SIMPLE Y ASÍ DE CLARO.  

         ¿Tendremos Grandes Periodistas algún rato y la gente volverá a Leer diarios y Revistas?… No creo. Seguirán los higiénicos manipulando y distorsionando de la realidad en sus espacios de poder, bien pagados por ONGs foráneas, y el resto tratando de sobrevivir… Escribiendo corto porque hay que PONER MUCHA GRÁFICA. Como si TODOS LOS LECTORES fueran idiotas que se contentan con fotos y dibujos. Nos falta, para tener o volver a tener un Gran Periodismo, RESPETO POR LA PALABRA, RESPETO POR EL TRABAJO Y RESPETO POR EL TRABAJADOR INTELECTUAL.

¿Y FUNDAMEDIOS? Bien Gracias, aquí defendiendo… a la SIPP…

jueves, 8 de octubre de 2015

INTERNET: ¿Maravilla o Mito sobrevalorado?

Introducción
Para quedar bien con ángeles y demonios (Gracias Dan…), diría que ambas cosas. Sin duda las nuevas tecnologías de la comunicación han sido una maravillosa herramienta para muchos. Pero, en primer lugar, esos muchos son muchos menos de lo que parece a simple vista por dejarnos llevar por el ruido de fondo…
Y es ahí en donde aparecen algunas razones no muy tranquilizadoras ni positivas a la hora de definir si la Red comunicacional más Universal de la historia, desde cuando el primer homínido pegó un grito de alerta, el muchacho negro del Valle de Rift golpeó un tronco hueco para enviar un mensaje de fiesta, o el hermano menor de Toro Sentado envió señales de humo a Caballo Loco para que detuviera al Coronel Custer en Little Big Horn, es un prodigio de la ciencia y de la tecnología o si, siéndolo, como en realidad lo es, también es un Mito sobrevaluado que, con tantos arboles floridos, no deja distinguir el bosque… Ni los frutos buenos.
Para empezar, las redes sociales asociadas a Internet, con Facebook como su producto estrella desde cuando a Marck Zuckelberg se le ocurrió invitar desde su Laptop a una farra universitaria a sus panas nerds, ¿son un megáfono que comunica o un ubicuo vehículo intangible y simultáneo que Informa? Para mí que es fundamentalmente lo primero, aunque posiblemente vaya en camino de convertirse, también, en lo segundo. Con el tiempo… 
Porque lo cierto es que el ruido de fondo, o sea la publicidad acompañada con la novelería que suscitan los nuevos hallazgos de la ciencia convertidos en inventos útiles –o no tanto– por la Tecnología, más el encanto personal de los gurús de Silicon Valley –Steve Jobs, Bill Gates, Zuckelberg, esos niños genios que debieron ser nerds antipáticos pero hoy, vivos o muertos, son estrellas fulgurantes– y la indudable utilidad del computador personal con wi fi que permita saludar a la hija en Australia, a la Ex esposa en España o en EEUU, y a la novia en Raykievic, todo en tiempo real y hasta con presencia virtual no holográfica, nos tiene tan obnubilados que nos hemos llegado a creer que Todo el Mundo tiene un computador al lado de la cama; que Todo el Mundo está conectado a la Red; que Todo el Mundo chatea día y nochemente; y, lo peor, que Todo el Mundo SE INFORMA en las redes sociales. Pero la realidad es distinta, como trataré de señalarlo.
Y empiezo con una blasfemia: Internet no INFORMA; Internet COMUNICA. Y eso, es muy distinto… Veamos.

¿Para qué sirve Internet?
Sirve, fundamentalmente, para comunicarse. Con la familia, con las amistades, con los conocidos, con la gente extraña que pulula por el Cyberespacio, e incluso consigo mismo. ¿Qué es si no comunicación la novísima, narcisista y siútica costumbre del Selfie, a menudo en solitario en una especie de masturbación sin orgasmo? Y, ¿que son que no sea Comunicar lúdicamente los juegos unipersonales en los que apenas se compite contra el programa que los produce, en una especie, también, de pelea inane con el otro Yo, que quizás aumente la habilidad motora de los dedos pero de poco sirve para agilizar la mente y mucho menos para incrementar el conocimiento y poner a trabajar el cerebro?
Todo ello implica, por cierto, Comunicación. Pero, ¿es información? También puede serlo sin duda, pero esa actividad es minoritaria. La realizan los estudiantes en busca de datos, ayudas racionales y efectivas o páginas copiables para sus estudios. O los investigadores que encuentran en el Universo de la Red la enciclopedia universal que prefiguró Borges en El Aleph y configuró Asimov en sus obras científicas, tanto como en las de mera ficción. O los curiosos impenitentes que hurgan en los vericuetos del sistema ya el dato histórico, ya el personaje importante, ya la página que aporte algo a su cultura general, pero, mucho más a menudo, el chisme de farándula, la página pornográfica, la conversación insustancial, el juego intrascendente o las horas de vuelo de alguna aerolínea. Comunicación simple, casi nunca propositiva y menos aún intelectualmente formativa.
Cuando hace poco el intelectual novelista, semiólogo y erudito italiano Umberto Eco postuló con razón que Internet la ha dado voz al tonto del pueblo, sin duda acertó pero se quedó corto. Porque también le ha dado voz al malvado del barrio que esparce sus envidias, odios y resentimientos a la Rosa de los Vientos; al pedófilo perverso que busca sus víctimas inocentes en los meandros de la inocencia o en la malsana curiosidad adolescente; al calumniador de oficio que difumina sus mentiras y falsedades con el mísero objetivo de dañar; al injuriador gratuito y al criticón de parroquia o de plaza de mercado que no alcanza a discernir, ni le importa, si sus denuestos tienen algún asomo de verdad o son apenas el infundio que nace de su mente afiebrada por la envidia o la maldad. En fin, que la Red Internet es como un Gran Basurero en el que por lo general se depositan los detritus de la sociedad, y a donde van a parar, ocasionalmente, alguna joya, tal cual objeto rescatable para el uso.

¿Todo el mundo tiene Internet?
 Como seguramente el lector y sus amigos disponen de PC en su casa, en el Cole y en la U, de Laptop para cuando van a la Plaza Foch, de Tablet para lo que sea, y por supuesto de un Móvil Smartphone, tenemos la idea de que los 15 millones de ecuatorianos, para no mencionar a los 600 millones de latinoamericanos, viven conectados a la Red desde cualesquiera de tales artilugios.
Con seguridad, la empresa donde trabaja los tiene, en primer lugar porque el Computador hace rato remplazó a la Olivetti para cartas y memos, al archivo documentario, a los microfilmes, y poco a poco remplazará las carpetas, y, en segundo lugar, que en realidad es el primero, porque hoy ninguna empresa funcionaría sin el mágico artefacto. Y menos aún sin el Móvil para ejecutivos, empleados y trabajadores.
Pero de ahí a que en todo hogar o que toda persona mayor de 16 años tenga uno de su propiedad, hay un trecho largo. A pesar de que el costo se ha reducido notablemente por cuanto la producción es masiva, un computador básico no baja de al menos us$700,oo en el mercado mundial, una Tablet $300,oo y un celular con acceso a la red, no menos de 200.oo. Y, con el salario mínimo del que disfrutamos en el Tercer Mundo, ¿cuántos mensajeros, albañiles, asistentes de contabilidad, secretarias, vigilantes, barrenderos o ayudantes de bus pueden tener uno en su casa? Y si lo tienen, ¿cuántos pueden pagar por el acceso a la Red? Y, con nuestro nivel educativo y de lectoría, ¿a cuántos les interesa ese acceso para investigar o leer en serio?
Nadie tiene computador o móvil como objeto decorativo, aunque los Mac son tan bellos que cumplen también con la estética, y tampoco apenas como máquina de escribir o simple aparato para llamar. Unos y otros son para usarlos como tales, o sea para tenerlos adscritos a la Red Internet, que cubre al planeta entero y quizá un poco más allá. De modo que podemos aunar tenencia de computador o móvil con el uso de la Red, y veamos que dice wikipedia al respecto.
Apoyemos el asunto en un cuadro estadístico, que es la mejor manera de equivocarse con respaldo gráfico. Los siguientes muestran el acceso de las personas al Computador y la utilización de Internet en el planeta y en América Latina. Como se puede observar, Ecuador ni siquiera cuenta entre las primeras 50 naciones del mundo con acceso a computadoras, aunque posiblemente en dispositivos menores como los móviles, pudiera estar. Y en cuanto a la Red Internet, en América Latina, ocupa un muy modesto lugar intermedio con apenas un 28% de sus habitantes con acceso a la Red.
De los gráficos podemos hacer una deducción matemática simple: Si Ecuador, por ejemplo, tiene una cobertura de Internet que apenas llega al 28% de su población, y el grueso de esa población se integra a la red mediante dispositivos distintos al Computador y poco eficientes para investigar o informar porque su función es apenas comunicacional interactiva inmediata, podemos colegir que de ese 28% adscrito a la Red Internet, si acaso un 5% la utiliza desde un computador y con finalidades más allá del chisme, la charla insustancial o el acceso a la farándula y la pornografía. Es decir, un 1.4% de su población, busca realmente informarse, investigar, y “conocer” algo más de la realidad del universo, en la Red Internet.
Y algo más grave con respecto a la Información que tiene el deber de proporcionar el Estado a la ciudadanía. De ese 1.4% que busca información útil y real en las redes, ¿a cuántos les interesa, y lo hacen, buscar información acerca de las actividades de los Poderes del Estado, de sus Organismos, Entidades, Ministerios, Secretarías, Gobernaciones, Alcaldías y demás entes gubernamentales?
Si tomamos en cuenta, además, que los informes del Estado son particularmente aburridos, poco creativos, publicitarios en gran medida, o sea intragables, no parecería que de ese 1.4% de buscadores de verdadera información, sea más del 5% el interesado en la acción del Estado, contando a los económicamente interesados que van en busca de licitaciones, contratos, obras y adjudicaciones. Es decir, a duras penas un 0.07% de la población del país, busca en las páginas WEB del Estado información de aquello que le compete, le beneficia, le influye en su vida diaria como ciudadano. Un escaso, casi nulo, 0.07%.
Lo cual me lleva a que la Mitología de las redes sociales, está ocasionando a los Estados una falencia informativa de la que los jóvenes a cargo de la Información Pública, no se dan cuenta por novelería cibernética. Por llegarle a un modesto 0.07% de la población, están dejando de informar y permitiendo que sea desinformada, el 99.3% de la sociedad.
Y, a todas estas, ¿donde se informa una parte importante de ese 72% de la población que no tiene acceso a la informática por imposibilidad económica, por falta de elementos de apoyo como energía eléctrica o de artilugios cibernéticos adecuados o, simplemente, porque no le interesa tenerlos o están por fuera del alcance de sus intereses culturales? Es decir, ¿dónde se Informa de verdad el 99.3% de la gente?
Muy simple: se informa en la radio, la televisión y la prensa convencionales, 95% de ellos en manos, justamente, de los intereses mercantilistas y antidemocráticos que conspiran contra los nuevos rumbos que aparecen en el horizonte de América Latina, y en los cuales, a duras penas, empezamos a gatear.

Pero, ¿qué es Informar?
El Diccionario de la RAE lo dice con claridad en su Primera y Cuarta acepciones: “1. Enterar, dar noticia de algo. (…) 4. Formar, perfeccionar a alguien por medio de la instrucción y buena crianza”.
Y, de acuerdo con lo analizado arriba respecto a las posibilidades y usos de la Comunicación, esta, sobre todo con las modernas tecnologías de contacto humano virtual, sirve para cualquier cosa menos para Enterarse de lo que en verdad importa, o para Formarse como ciudadano consciente de sus deberes y derechos. Eso lo hace el 1.4% de la gente que utiliza las redes para eso: para Enterarse de lo que importa y Formarse en lo sustancial.
No abundo en cómo deberían ser las características de una Comunicación para la Información y la Formación de las personas, porque tales características se derivan, justamente, del entendimiento de lo que la Comunicación permite e incluso posibilita en términos de lo superficial, banal, intrascendente o negativo que promueve.
Extrapolando el asunto a las actividades de un Estado, tengo la impresión de que la novelería burocrática con las Redes Sociales, nos ha sumido en una casi absoluta DESINFORMACIÓN que aprovechan muy bien los enemigos de la Democracia en América Latina, no sólo para manipular, tergiversar y distorsionar la realidad, sino para convencer a la ciudadanía de que lo contrario a esa realidad, es la Verdad. Por supuesto, La Verdad de acuerdo con sus intereses económicos, sociales y políticos, y los geopolíticos afines con los intereses de los EEUU, principal elemento generador de políticas antidemocráticas en América Latina y en el Mundo. Que son evidentes, no sólo en su presencia militar invasora en los países del mundo que aceptan o toleran sus bases militares, sino en la actitud de su aparato judicial y policial frente a las minorías existentes dentro de su propio territorio.
¿Y por qué se impone esa desinformación financiada por el Imperio y sostenida por los Medios Privados de Comunicación? ¿O por los carteles de la Desinformación devenidos "blogs inDependientes y replicados por la prensa del Sistema? Pues porque tales medios y el aparato económico que los utiliza y mantiene, no han caído totalmente en la tentación de confiar exclusivamente a las Redes Sociales su campaña desinformadora. Los monopolios mediáticos, sin perjuicio de su presencia en las Redes, no han descuidado el soporte tangible que significan periódicos y revistas, a pesar de la tan cacareada –por ellos mismos para justamente desviar la atención– decadencia de los medios escritos. "¡Ya nadie lee!”, dicen orondos… Y les creemos. Pero ahí están, vivitos y coleando aunque haya decrecido la tirada de periódicos y revistas por la novelería Cyber, la mayoría de los medios periodísticos del Mundo vinculados al Establecimiento y a los intereses de las Multinacionales y sus Estados originarios. Y estarán porque la Información de verdad, necesita soportes reales que no se los lleve el viento, y que estén al alcance de todos, no del 0.07%.
La solución, desde luego, es que se fortalezcan, si existen, y se creen los necesarios, en toda la América Latina del nuevo Rumbo, LOS MEDIOS PÚBLICOS CONVENCIONALES. Radio, Televisión y Prensa escrita. Y si se suma el apoyo de Medios igualmente convencionales pero comunitarios, se podrá en poco tiempo contrarrestar la enorme avalancha mediática con la que el Imperio y el Neoliberalismo se empeñan en difamar y enlodar un Proyecto Político que haría de América Latina en especial y del Tercer Mundo en general, un espacio para la humanidad, no solo para sus sempiternos aprovechadores y depredadores.
 Para terminar de decirlo con todas las letras, El Estado necesita para llegarle a TODA la ciudadanía con sus acciones en beneficio de los pueblos, que existan PERIÓDICOS Y REVISTAS PÚBLICOS Y COMUNITARIOS, de papel… No sólo de bits…